Juan José Ibarretxe
Cualquier persona ajena a la política vasca que vea las imágenes de Ibarretxe entrado al Tribunal Superior del País Vasco puede pensar que está implicado en algún escándalo de corrupción. Pues no, el lehendakari acude a declarar porque el TSJPV ha admitido a trámite una querella del Foro Ermua por reunirse con miembros de Batasuna en un periodo de alto el fuego permanente. Además, este Tribunal le cita como imputado a pesar de las indicaciones del Ministerio Fiscal y de no haberse resuelto aún el recurso presentado por Gobierno Vasco.
Hace unos días unos profesores de la UPV establecían en un artículo una comparación muy clara en relación a este tema: “ el lehendakari…..se vea obligado a tener que comparecer ante un juez que, obviamente, no ha sido elegido por votación popular, ni tiene que someter su cargo a ratificaciones democráticas posteriores, como sí tiene que hacerlo el lehendakari. (…) si los miembros del Ejecutivo están sometidos al control parlamentario y los miembros del Parlamento deben periódicamente someterse a unas elecciones, son los del poder judicial los que en la interpretación de las leyes actúan "ante Dios y ante la Historia.”.
Estoy convencida de que esta imputación no va a suponer nada más (espero!), pero sí representa una humillación política al máximo representante institucional de este país y un castigo al diálogo como estrategia política.
Ver al lehendakari acudir al Tribunal como si fuera un delincuente me entristece y me da rabia porque, entrando en un plano mucho más subjetivo y más allá de simpatías políticas, Ibarretxe me parece uno de los pocos políticos que cree realmente en lo que dice y que demuestra en todas sus declaraciones una integridad y una humanidad que pocas personas públicas poseen: su “vascos y vascas” tan caricaturizado por muchos pseudo-intelectuales pero que ha ido integrándose en nuestro vocabulario, su cercanía, su discurso integrador, su capacidad para movilizar a la ciudadanía sin utilizar un lenguaje de guerra, su implicación siempre positiva en todos los proyectos del país, su optimismo…
Son muchos los ejemplos que existen de lo que acabo de escribir, pero me quedo con un fragmento de su intervención en el Congreso de los Diputados en febrero de 2005 en defensa de la propuesta de nuevo estatuto político de Euskadi:
“Y termino con un mensaje para la sociedad vasca: estoy orgulloso del pueblo vasco, de nuestra historia milenaria, de nuestra lengua, el euskera, una de las lenguas más antiguas de Europa. Pero estoy aún más orgulloso de nuestros hombres y mujeres, de todos los vascos y vascas que hoy vivimos y trabajamos en Euskadi, hayamos nacido donde hayamos nacido y votemos al partido político que votemos. Es fundamentalmente a vosotros y a vosotras, a quien quiero dirigirme para deciros que el futuro nos pertenece, y que lo escribiremos nosotros, pactando con los demás, pero lo escribiremos nosotros, de nuestro propio puño y letra.”


