La sinceridad soportable
Cuando vas a un hospital a cuidar a un familiar normalmente siempre “haces migas” con los pacientes de al lado. Así que cuando mi amama dormía o simplemente estaba inaguantable (hay que ver que mala gaita se gasta a veces), aprovechaba para hablar con amama “Concha”, que me enseñaba dibujos de sus nietas (“te kiero mutzo amama”) y me comentaba que estaba ingresada porque había tenido un subidón de azúcar (hasta 600!!!), pero que en breve marchaba para su casa.
El caso es que amama “Concha” tiene un cáncer terminal pero sus familiares no se lo quieren decir; prefieren que viva los tres meses que le quedan sin saberlo. Cuando su nuera me lo contó, después de recuperarme de la impresión, pensé que a veces es mejor vivir en la ignorancia.
Se suele decir que la sinceridad es una virtud, pero yo creo que solamente es una virtud cuando es soportable, cuando hablamos de una “sinceridad soportable”. Cuando crees que lo que vas a decir, por muy sincero que sea, no va a causar más que daño y no va a aportar nada, es mejor callarse la boca. Hay formas y formas de decir las cosas. La virtud para mí no es la sinceridad, sino la empatía, la capacidad de ponerte en el lugar del otro y valorar cómo le va a afectar.
El caso es que amama “Concha” jugará con sus nietas, les hará dulces, estará con sus hijos, cuidará su jardín….y será feliz viviendo en la ignorancia. Ondo izan Concha.

